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Los
celtas solían tallar representaciones de las deidades o de animales sagrados en
trozos de madera, piedra o bronce. También realizaban complicados rituales y
ceremonias en santuarios y lugares sagrados, casi todas dirigidas por los
druidas, en las que, a veces, podían participar toda la tribu.
La palabra “nemeton” significa lugar sagrado, y
aparece en topónimos de todo el mundo celta. Según los escritores clásicos, los
santuarios solían encontrarse en arboledas recónditas. Dependiendo de la
deidad, estos lugares se encontraban en lo más profundo de un bosque, en una
ciénaga, o en la cima de una montaña.
RITUALES
Las tres muertes:
Este ritual consistía en aplacar
la ira de tres dioses, Teutates, Esus y Taranis. Al primero se le aplacaba
mediante la cremación de las victimas, al segundo, mediante la suspensión de
las mismas de los árboles (ahorcamiento), y al tercero, a través del
ahogamiento,
introduciendo
preferiblemente a las víctimas en un gran caldero, aunque cualquier medio
acuático, servia para dicho fin.
Cabezas cortadas como trofeo:
Era costumbre cortar la cabeza de los enemigos caídos en el combate, los celtas
creían que el espíritu de un hombre reside en su cabeza, por lo cual la
posesión de esta suponía la adquisición de la fuerza del guerrero vencido; se
colgaban del caballo del vencedor y una vez adecuadamente momificadas, se
exponían como trofeo. En algunas tribus, la iniciación de los jóvenes guerreros
consistía en salir del poblado y volver con una cabeza humana.
De
nacimiento
Al nacer un niño tenían la costumbre de plantar
un árbol, se convertía en el compañero y consejero durante toda la vida, por
ello, era normal que cada uno cuidase su árbol, lo podaban, lo cuidaban y en los
días de fiestas colgaban;
adornos, flores y guirnaldas, (
el precedente de lo que hoy conocemos como árbol
de Navidad), cualquier mal que le sucediera al árbol; (un
incendio, un rayo, un fuerte viento que lo resquebrajase, eran malos augurios).
Por otro lado, si moría un niño, era enterrado bajo su árbol. Los adultos
preferían habilitar el interior del tronco para ser enterrado con él,
anticipando lo que hoy entendemos como ataúdes. En algunos casos, se dejaba al
cuerpo dentro del tronco flotando sobre el río.
Los Druidas vieron
en los árboles la esencia del Universo
Por la
savia que fluye por su interior, por las raíces que se adentran en la tierra,
por el viento que se mece entre sus hojas y la majestuosidad de las ramas que se
elevan hacia el cielo infinito.
Cada árbol tiene una historia oculta,
legendaria que contar y sólo la contará a quien comprenda que en su tronco, en
sus raíces y en sus ramas late la vida de un ser majestuoso.
Un árbol robusto y vigoroso muy común en los bosques asturianos, el roble, hacia
el dirigieron los celtas su culto.
Las
muchachas los adornaban con guirnaldas de flores, los guerreros colgaban sus
armas y los trofeos obtenidos en la guerra. Observaron que el roble tenia
una planta parásita, (el muérdago), esta
planta se convirtió en divina para ellos.
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El muérdago o
acebo |

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El muérdago, una de las plantas más legendarias de la historia
de la Botánica, relacionada con los celtas, cuyos sacerdotes
(druidas) la consideraban la panacea de todos los males, sigue
siendo uno de los símbolos de la Navidad, y también de la
inmortalidad.
Esta planta semiparasitaria, que atrae agua y sustancias
minerales de la planta sobre la que crece, se considera un
vegetal del reino intermedio (ni árbol ni arbusto) y, según la
leyenda, se originaba allí donde el rayo había caído sobre un
árbol, preferentemente una encina o roble.
Los druidas le atribuían a esta planta poderes maravillosos,
entre los cuales se encontraba evitar las heridas, para
protegerse de los rayos, de la maldad, de las enfermedades, para
ayudar a las mujeres a la concepción, para hacerse invisibles,
para curar heridas y la sanación de la epilepsia. También
acostumbraban a cortar las ramas del muérdago de las encinas con
una hoz de oro, para ser luego ofrecida a las divinidades
coincidiendo con el sacrificio del toro.
El color amarillo de la rama seca de muérdago se creía apto para
descubrir tesoros enterrados. La varita mágica dorada, fabricada
con muérdago, abrió a Eneas la puerta del Infierno, según la
mitología de la Grecia clásica.
El muérdago no simboliza la sabiduría, pero sí los árboles sobre
los que se desarrolla (encina y robles). El muérdago es
transportado por los pájaros del cielo, reforzando el simbolismo
de inmortalidad.
El muérdago era su planta mágica por excelencia y los druidas lo
recogían cuidando que no tocase el suelo, bien en el solsticio
de verano o bien en el de invierno.
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