Mate

  
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El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena.
La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir:
 ¡Basta, cambia la yerba!.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente,¿está caliente, no?.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia del uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

        DECIR MATE , ES DECIR  ARGENTINA

El Mate

Origen de la yerba mate

El nombre mate deriva de la palabra quechua mati, palabra que se utilizaba para llamar a la calabaza recipiente, que era más fácil de pronunciar para los españoles que la guaraní caiguá, que cumplía la misma función.
El conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la cultura guaranítica. Era un alimento básico de los indios, que la usaban como bebida, sorbiéndola de calabacillas mediante bombillas hechas de cañas o también mascándola durante sus largas marchas. La yerba tenía en la cultura guaraní un rol social mas allá del fin meramente nutritivo, pues era objeto de culto y ritual, a la vez que moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos: los incas, los charrúas y aún los araucanos a través de los pampas, recibían yerba elaborada de manos de los guaraníes. Caá en guaraní significa yerba, pero también significa planta y selva. Para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia, un regalo de los Dioses. Tomar la savia de sus hojas era para ellos beber la selva misma.
En guaraní, a la bombilla se le dice “tacuapí“, que es el nombre de la planta de la que se extraía la cañita o junco para fabricarla. Esas bombillas en su extremo tenían pequeños cestos de fibras vegetales tejidas que actuaban de filtro. La pava también tiene su nombre originario: “itacuguá“, formado por tres palabras: “i” (agua), “tacú” (caliente) y “guá” (recipiente). Para los guaraníes era una pieza de alfarería. La tradicional pava de mate fue introducida por los europeos tomada como propia por los gauchos, hasta llegar a ser casi tan característica de su vida cotidiana como el caballo.

Conquistadores españoles y los jesuitas

De los guaraníes, los conquistadores aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico desde su zona de origen a todo el Virreinato del Río de la Plata.
Más tarde los jesuitas introdujeron el cultivo en algunas reducciones. Sus misiones estaban distribuidas en la región que constituyen la provincia de Misiones, Norte de Corrientes y Sur de Paraguay y Sudoeste brasileño, a fin de evitar las grandes distancias que los separaban de los lugares de producción. Ellos habían develado el secreto de la misteriosa germinación de las semillas de yerba, descubriendo que solamente germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de los tucanes. Pero en su expulsión, ocurrida en 1769, se llevaron con ellos el secreto, sobreviniendo el abandono de las plantaciones y perdiéndose la tradición del cultivo. Aunque los jesuitas preferían tomar mate cocido en lugar de mate, fueron los grandes responsables de que la yerba fuera conocida en el mundo civilizado, en donde llegó a conocérsela como el "té de los jesuitas".

La historia escrita

La yerba mate se remonta al año 1612, cuando Ruiz Díaz de Guzmán señalaba que las hojas de yerba mate ya se empleaban desde el año 1592. Pero lo cierto es que los aborígenes locales, los indios guaraníes, ya las empleaban desde tiempos inmemorables.
La historia de la yerba mate se remonta a los mismos aborígenes, los guaraníes, que poblaban la zona del río Paraná desde tiempos remotos. Ellos, que tienen su propia explicación del origen de la planta con su “leyenda de la yerba mate”, bebían el caá (así le llamaban) en una vasija de barro, generalmente empleando su propia dentadura para colar la yerba, o escurriendo en su boca el vegetal y, posteriormente, usando un cañamo para filtrarla. Demás está decir que no existían las bombillas por aquel entonces.
Recién en 1612 se conocen los primeros testimonios escritos por los colonizadores ibéricos acerca de esta mágica y misteriosa planta. Ruiz Díaz de Guzmán escribía sobre ese vegetal a Hernando Arias. Ya para ese entonces, los españoles la llamaban “hierba del Paraguay”, pero ignoraban que esta planta crecía de manera silvestre en plena selva. La yerba mate ya era moneda corriente también para los colonizadores, que encontraron en ella una excelente bebida exótica estimulante.
Ilex Paraguariensis
Más de medio siglo después, el famoso naturalista francés Aimé Bonpland inició los primeros estudios científicos sobre la planta de la yerba mate, su cultivo y sus usos. Dos años más tarde, en París el botánico Saint Hilaire clasificó a la yerba como Ilex Paraguarensis.
Fue Bonpland quien redescubrió el secreto de la germinación, pero éste volvió a perderse con la extinción del botánico. Recién hacia 1903 en Santa Ana -Misiones- se vuelve a descubrir que sólo germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de ciertas aves y se realiza la primera plantación moderna de Yerba Mate.
Hasta entonces y aún por muchos años, la yerba que se consumía provenía de la selva, de plantas silvestres que crecían en manchones con gran densidad de árboles, llamadas islas. La explotación irracional, en la que la tala de los árboles fue moneda corriente por siglos, terminó insumiendo por completo el recurso que parecía inagotable. Sólo con las plantaciones racionales, los cultivos de yerba volvieron a hallar su lugar en la historia.

La yerba en el siglo XX

Durante los primeros años del siglo XX, nacieron las grandes industrias yerbateras de la Argentina, que se establecieron en los puertos del Sur, Rosario y Buenos Aires, pues la yerba mate, que seguía siendo explotada en su mayoría en los montes naturales de Brasil y Paraguay, era transportada por el Río Paraná. El cultivo de yerba en la actualidad a pesar de los innumerables intentos y al paso de los siglos, la yerba mate siempre se resistió a crecer fuera del perímetro que antiguamente fuera habitado por los guaraníes. Nació en América del Sur y sigue siendo una planta bien americana, pero no de cualquier parte del continente.  El área de distribución de la yerba mate se restringe al Noreste de Corrientes, Misiones, Paraguay y Sur de Brasil. Allí la temperatura, humedad y tierras se conjugan para lograr las condiciones ideales para su desarrollo. Por más que se ha intentado cultivarla en zonas similares de América del Norte, Asia y África, los ensayos han fracasado, y así es como la yerba mate se conservó como un tesoro exclusivo de invalorable importancia para estas regiones.

El mate, una buena costumbre

Cuándo descubrieron los guaraníes las virtudes de la yerba y cómo desarrollaron la mejor forma de disfrutarla, es algo que permanece en el oscuro pasado prehistórico. Sabemos, sin embargo, que los españoles adoptaron instantáneamente la costumbre indígena y los criollos la convirtieron en fruto de pasión e identidad. Desde la elaboración de la yerba hasta la forma de consumo, la costumbre del mate ha permanecido inalterada desde tiempos remotos y por cinco siglos de historia, arraigándose cada vez más en los usos del sur de Sudamérica y aún extendiéndose a lugares muy lejanos. En la Argentina es la bebida más consumida después del agua de la canilla, sin distinción de clases sociales ni edades.

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