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El Mate
Origen de la yerba
mate
El nombre mate deriva de la palabra
quechua mati, palabra que se utilizaba para llamar a la calabaza
recipiente, que era más fácil de pronunciar para los españoles que la
guaraní caiguá, que cumplía la misma función.
El conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la
cultura guaranítica. Era un alimento básico de los indios, que la
usaban como bebida, sorbiéndola de calabacillas mediante bombillas
hechas de cañas o también mascándola durante sus largas marchas. La
yerba tenía en la cultura guaraní un rol social mas allá del fin
meramente nutritivo, pues era objeto de culto y ritual, a la vez que
moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos: los
incas, los charrúas y aún los araucanos a través de los pampas,
recibían yerba elaborada de manos de los guaraníes. Caá en guaraní
significa yerba, pero también significa planta y selva. Para el
guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia, un regalo
de los Dioses. Tomar la savia de sus hojas era para ellos beber la
selva misma.
En guaraní, a la bombilla se le dice “tacuapí“, que es el nombre de
la planta de la que se extraía la cañita o junco para fabricarla.
Esas bombillas en su extremo tenían pequeños cestos de fibras
vegetales tejidas que actuaban de filtro. La pava también tiene su
nombre originario: “itacuguá“, formado por tres palabras: “i” (agua),
“tacú” (caliente) y “guá” (recipiente). Para los guaraníes era una
pieza de alfarería. La tradicional pava de mate fue introducida por
los europeos tomada como propia por los gauchos, hasta llegar a ser
casi tan característica de su vida cotidiana como el caballo.
Conquistadores españoles y
los jesuitas
De los guaraníes, los conquistadores
aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su
consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse
un intenso tráfico desde su zona de origen a todo el Virreinato del
Río de la Plata.
Más tarde los jesuitas introdujeron el cultivo en algunas
reducciones. Sus misiones estaban distribuidas en la región que
constituyen la provincia de Misiones, Norte de Corrientes y Sur de
Paraguay y Sudoeste brasileño, a fin de evitar las grandes distancias
que los separaban de los lugares de producción. Ellos habían develado
el secreto de la misteriosa germinación de las semillas de yerba,
descubriendo que solamente germinan aquellas semillas que han pasado
por el sistema digestivo de los tucanes. Pero en su expulsión,
ocurrida en 1769, se llevaron con ellos el secreto, sobreviniendo el
abandono de las plantaciones y perdiéndose la tradición del cultivo.
Aunque los jesuitas preferían tomar mate cocido en lugar de mate,
fueron los grandes responsables de que la yerba fuera conocida en el
mundo civilizado, en donde llegó a conocérsela como el "té de los
jesuitas".
La historia escrita
La yerba mate se remonta al año 1612, cuando Ruiz Díaz de Guzmán
señalaba que las hojas de yerba mate ya se empleaban desde el año
1592. Pero lo cierto es que los aborígenes locales, los indios
guaraníes, ya las empleaban desde tiempos inmemorables.
La historia de la yerba mate se remonta a los mismos aborígenes, los
guaraníes, que poblaban la zona del río Paraná desde tiempos remotos.
Ellos, que tienen su propia explicación del origen de la planta con
su “leyenda de la yerba mate”, bebían el caá (así le llamaban) en una
vasija de barro, generalmente empleando su propia dentadura para
colar la yerba, o escurriendo en su boca el vegetal y,
posteriormente, usando un cañamo para filtrarla. Demás está decir que
no existían las bombillas por aquel entonces.
Recién en 1612 se conocen los primeros testimonios escritos por los
colonizadores ibéricos acerca de esta mágica y misteriosa planta.
Ruiz Díaz de Guzmán escribía sobre ese vegetal a Hernando Arias. Ya
para ese entonces, los españoles la llamaban “hierba del Paraguay”,
pero ignoraban que esta planta crecía de manera silvestre en plena
selva. La yerba mate ya era moneda corriente también para los
colonizadores, que encontraron en ella una excelente bebida exótica
estimulante.
Ilex Paraguariensis
Más de medio siglo después, el famoso naturalista francés Aimé
Bonpland inició los primeros estudios científicos sobre la planta de
la yerba mate, su cultivo y sus usos. Dos años más tarde, en París el
botánico Saint Hilaire clasificó a la yerba como Ilex Paraguarensis.
Fue Bonpland quien redescubrió el secreto de la germinación, pero
éste volvió a perderse con la extinción del botánico. Recién hacia
1903 en Santa Ana -Misiones- se vuelve a descubrir que sólo germinan
aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de ciertas
aves y se realiza la primera plantación moderna de Yerba Mate.
Hasta entonces y aún por muchos años, la yerba que se consumía
provenía de la selva, de plantas silvestres que crecían en manchones
con gran densidad de árboles, llamadas islas. La explotación
irracional, en la que la tala de los árboles fue moneda corriente por
siglos, terminó insumiendo por completo el recurso que parecía
inagotable. Sólo con las plantaciones racionales, los cultivos de
yerba volvieron a hallar su lugar en la historia.
La yerba en el siglo XX
Durante los primeros años del siglo
XX, nacieron las grandes industrias yerbateras de la Argentina, que
se establecieron en los puertos del Sur, Rosario y Buenos Aires, pues
la yerba mate, que seguía siendo explotada en su mayoría en los
montes naturales de Brasil y Paraguay, era transportada por el Río
Paraná. El cultivo de yerba en la actualidad a pesar de los innumerables intentos y
al paso de los siglos, la yerba mate siempre se resistió a crecer
fuera del perímetro que antiguamente fuera habitado por los
guaraníes. Nació en América del Sur y sigue siendo una planta bien
americana, pero no de cualquier parte del continente. El área de
distribución de la yerba mate se restringe al Noreste de Corrientes,
Misiones, Paraguay y Sur de Brasil. Allí la temperatura, humedad y
tierras se conjugan para lograr las condiciones ideales para su
desarrollo. Por más que se ha intentado cultivarla en zonas similares
de América del Norte, Asia y África, los ensayos han fracasado, y así
es como la yerba mate se conservó como un tesoro exclusivo de
invalorable importancia para estas regiones.
El mate, una buena costumbre
Cuándo descubrieron los guaraníes las
virtudes de la yerba y cómo desarrollaron la mejor forma de
disfrutarla, es algo que permanece en el oscuro pasado prehistórico.
Sabemos, sin embargo, que los españoles adoptaron instantáneamente la
costumbre indígena y los criollos la convirtieron en fruto de pasión
e identidad. Desde la elaboración de la yerba hasta la forma de
consumo, la costumbre del mate ha permanecido inalterada desde
tiempos remotos y por cinco siglos de historia, arraigándose cada vez
más en los usos del sur de Sudamérica y aún extendiéndose a lugares
muy lejanos. En la Argentina es la bebida más consumida después del
agua de la canilla, sin distinción de clases sociales ni edades.
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