| El reino asturiano
tuvo como solar los territorios occidentales y centrales de la
Cordillera Cantábrica, particularmente los
Picos de Europa y el área central de Asturias, zonas donde
tuvieron lugar los principales acontecimientos político-militares
durante las primeras décadas de existencia del reino. Según las
descripciones de
Estrabón,
Dión Casio y otros geógrafos grecorromanos dichas zonas estaban
habitadas en los albores de la era cristiana por diferentes pueblos,
entre los cuales se pueden citar los siguientes:
vadinienses, que habitaban los
Picos de Europa y cuya área de asentamiento fue desplazándose
lentamente hacia el sur durante los primeros siglos de nuestra era,
tal y como testimonian numerosas
estelas; los
orgenomescos, que moraban en la costa oriental asturiana; los
selinos, que como su propio nombre indica se distribuían por
todo el valle del
Río Sella (Salia); los
lugones, cuyo territorio se extendía entre los ríos Sella y
Nalón y cuya capital se situaba en Lucus Asturum (Lugo
de Llanera); los
astures propiamente dichos que habitaban la zona interior de
Asturias situada entre los concejos actuales de
Piloña y
Cangas del Narcea; y los
pésicos, que moraban en la zona costera de Asturias Occidental,
entre la desembocadura del
Navia y la actual ciudad de
Gijón. Las
informaciones que nos dan los geógrafos clásicos acerca de la
filiación étnica de estos pueblos son confusas:
Ptolomeo señala que los
astures habitaban la zona central de la actual Asturias, la que
se extiende entre los ríos Navia y Sella, situándose al oriente de
este río la frontera con el territorio de los
cántabros. Sin embargo, ya en el
siglo IV la Cosmographia de
Julio Honorio pone el
nacimiento del Ebro en territorio de los astures (sub asturibus). En
cualquier caso y dejando a un lado los detalles relativos a las
fronteras entre las diferentes etnias cantábricas, el propio
Estrabón señalaba en su Geographia que todos los pueblos del
norte de España, desde los galaicos hasta los vascones, tenían una
cultura y unas formas de vida similares.
De otra parte, existen
testimonios que manifiestan que ni los lugones ni los pésicos se
identificaban originariamente con los astures: así, en el
Parroquial Suevo se
distingue entre astures y pésicos, como si fueran dos tribus
diferenciadas, y en una lápida encontrada en el concejo de
Piloña -la piedra de los Ungones- se señala la frontera entre
los lugones y los astures. Parece, pues, que no existía ninguna
identidad supratribal que cohesionase a las tribus del futuro
territorio asturiano.
Sin embargo esta situación
comenzó a cambiar en el
Bajo Imperio y en tiempos de las invasiones germánicas: la lucha
primero contra los romanos y luego contra los
vándalos asdingos y los
visigodos fue forjando una identidad común entre los pueblos de
la futura Asturias. A este respecto, diversas excavaciones
arqueológicas han encontrado restos de fortificaciones en los
alrededores del
Campamento romano de La Carisa (concejo de
Lena). Los expertos consideran que dicha línea defensiva,
ubicada estratégicamente en la cuenca alta del
río Caudal —vía de entrada natural a Asturias desde la Meseta—,
prueba la existencia de una resistencia organizada en el seno de la
cual forzosamente debieron cooperar todos los habitantes de Asturias
central. En este sentido, dichos especialistas han descubierto en
la Carisa dos niveles
arqueológicos diferentes, uno de los cuales corresponde a las
Guerras Cántabras y el segundo al periodo
675-725,
en el que tuvieron lugar la expedición del rey visigodo
Wamba contra los astures y la conquista de Asturias por
Muza.
La identidad asturiana que
progresivamente iba forjándose cristalizaría de una manera
definitiva tras la coronación de
Pelayo, la victoria en
Covadonga y la subsiguiente consolidación del Reino de Asturias.
En este sentido, la
crónica Albeldense, al narrar patrióticamente los sucesos de
Covadonga, afirma que tras esa batalla "Asturorum Regnum divina
providentia exoritur", nació por la divina providencia el Reino de
los Astures. |