LA VIRGEN DE LA BARCA (NAVIA)
Era una tarde en Navia, ya desde la mañana el día apareció azul con gran
claridad. Los pescadores se encontraban de muy buen humor porque había sido un
gran día de pesca para los que volvían y prometía serlo para los que empezaban
la jornada.
La flota que ahora salía, estaba compuesta de diez barcas de seis remos, y
cuando el sol ya se iba ocultando, se echaron a la mar. Sin necesidad de
alejarse mucho de la costa, puesto que todavía no había subido la marea,
lanzaron las redes, con la sorpresa de una gran captura cada vez que las
lanzaban.
Tan impresionados estaban, que no se dieron
cuenta que se estaba formando una gran tormenta, justo encima de ellos. Cuando
los relámpagos empezaron a deslumbrar, los pescadores salieron de su letargo, y
planearon volver al puerto.
No pudieron hacer gran cosa, ya que cada vez, la tormenta era más grande, las
olas inmensas y ellos apenas podían avanzar. Cuando casi llegaban a puerto, las
olas les hacían retroceder y así se tiraron casi toda la noche. La situación
cada vez era más insostenible, cuando a uno de ellos se le ocurrió rezar a la
Virgen y todos le siguieron esperando un milagro.
Ya resignados estaban, cuando de pronto una de las barcas que estaba en peores
condiciones, sintió un golpe como si se hubiera encallado en una roca, pero en
lugar de resquebrajarse la barca, se inició una gran calma y con la luz de los
relámpagos vieron que la última ola los había dejado en una roca, que la barca
no tenía nada roto y que a un lado de ella estaba la imagen de una Virgen con el
niño en brazos. La amarraron y con mayor fe que nunca se pusieron a rezarla y a
darle las gracias.
A partir de ahí,
el mar entró en calma, y llegaron a puerto casi al amanecer el día 15 de agosto,
todo el pueblo estaba en espera de noticias y cuando los vieron llegar ellos
contaron el suceso y comprendieron que la Virgen había obrado el milagro. Allí
mismo, en aquella roca que desde este suceso se llama Peña de Nuestra Señora,
fue proclamada Virgen de los naviegos. Se le hizo una iglesia en el pueblo y el
pueblo la honraría con el nombre de Nuestra Señora de la Barca.

EL HIJO DEL CONDE, ERMITA DE LA LUZ (AVILES)
En la colina de Lluera aún está en pie y habitado el viejo palacio o torre desde
cuyos ventanales se divisa claramente la ermita de la Virgen y su fuente.
Hace ya muchos años vivieron aquí unos Condes a los que la Virgen, por especial
favor, les concedió un hijo después de esperarlo largo tiempo. Cada año, en
agradecimiento a Nuestra Señora, regresaban de lejanas tierras, como las
golondrinas, a celebrar "La Luz de Mayo" y a disfrutar parte del verano.
En torno al caserón, diseminadas por las laderas del monte, algunos caseríos de
mísera estructura al estilo feudal daban albergue a los siervos que cuidaban de
la hacienda de los Condes. En uno de ellos vivía un matrimonio cuya hija subía
con frecuencia a la colina a dejar a los pies de Nuestra Señora de Luera la
guirnalda de flores que había entretejido con primor en los días rumorosos del
mes de mayo mientras cuidaba las ovejas. Era una pastora digna de que la Virgen
María cualquier tarde le hablara desde una encina. No fue así.
Un día, mientras estaba bebiendo de bruces en la fuente, que aún hoy mana no
lejos de la ermita, sintió cómo unos ojos la miraban. Antes de elevar los suyos,
pudo ver un instante reflejada en el agua la figura apuesta de un joven, el hijo
de los Condes, y que ella, por un momento, se imaginó el príncipe azul tan
esperado. Ambos se miraron tiernamente y el amor llegó puntual a su cita. Cada
tarde la fuente fue testigo fiel de mil y una promesas. La Condesa observaba
desde las ventanas de la Torre de Lluera con preocupación, más de linaje que de
madre, las idas y venidas de su hijo a la fuente, los cada vez más reiterados
encuentros y el cariz que iba tomando aquella disparatada amistad.
"Esperaremos al mes de agosto o a setiembre - le decía la Condesa al Conde -. No
debemos infundir sospechas. Nuestra marcha, a finales del verano, pondrá fin a
este ridículo idilio. ¡Estaría bueno! ¡Nuestro hijo casado con una vulgar
desarrapada...!"
Aquel año, nadie supo por qué los Condes se fueron mucho antes de que se acabara
agosto, apenas pasada la fiesta. Los dos enamorados lloraron de tristeza y se
juraron eternas promesas de fidelidad y amor. El día de la despedida fue
especialmente esperado y preparado. Se citaron, no junto a la fuente, sino junto
a la ermita, donde ya alguna otra vez se habían visto. Allí se coronaron de
besos y promesas, casándose ante Dios y ante los muros, testigos: todas las
estrellas. Y allí se prometieron una vez más eterno amor. El hijo del Conde
arrancó la medalla que llevaba al cuello con su título e iniciales y se la dio a
la joven: "Aquí tienes las arras. Guárdalas como un recuerdo". Pasó el tiempo y
llegó de nuevo mayo. Los Condes no llegaban. Ni tampoco en junio. Un buen día la
pastora desapareció del caserío y cercanías. Nadie supo más de ella por más que
padres y allegados la buscaron por montes y barrancas.
¿Qué había sucedido? Cuando al cabo de un tiempo supo que iba a tener un hijo,
temerosa del castigo de su padre, fiel servidor del señor de Luera, y queriendo
evitar el desprestigio del Conde y de su hijo, ante la carencia absoluta de
noticias de quien juró amarla siempre y regresar de nuevo, huyó de casa una
noche.
Dicen que anduvo, anduvo, hasta llegar el día. Medio muerta de agotamiento se
hospedó en casa de una buena mujer, muriendo allí al poco tiempo, no sin antes
haber colgado la medalla al cuello del pequeño y haber dado alguna explicación a
aquella mujer bondadosa. El niño creció sano y robusto, ayudando en las faenas
del campo a su protectora. Cuando al fin del verano regresaron los Condes a
cumplir su promesa, el hijo en vano interrogó a todos los labriegos del lugar y
cercanías. Nadie sabía nada o no querían saberlo por miedo al Conde.
Pasaron muchos años. Una mañana por el camino de la ermita subía un joven
aldeano. También él tenía una promesa que cumplir, hecha por su madre antes de
morir: "si logro este hijo mío, lo llevaré en promesa a la ermita de Nuestra
Señora de Lluera". Él tomó sobre sí el compromiso. Cuando llegó a la ermita,
rendido de cansancio y sediento, se acercó a la
fuente para apagar la sed. Una
gaita inundaba el valle con su monótona música entre "ijujús" y asturianadas.
Cerca de la ladera norte los jóvenes rompían contra el suelo o monte abajo
cazuelas de barro negro después de tomar la leche presa que en ellas se vendía,
como un rito ancestral. "¡Cada pedazo, un beso ! ¡Cada pedazo, un beso !...",se
oía gritar entre el lógico regocijo de los protagonistas. Algunos romeros se
habían ya sentado cerca de la fuente bajo los viejos robles que brindaban su
sombra secular. El joven se arrodilló y bebió de bruces aquel agua que manaba
clara y mansa. Cuando trató de izarse, la medalla cayó sobre la fuente. Uno de
los presentes la vio brillar, miró fijamente al joven y, como movido por un
resorte, se abalanzó hasta el agua y tomó entre sus manos aquel trozo de metal
precioso aún pendiente del cuello. Era el hijo del Conde que cada día, en vano,
se acercaba a la ermita y a la fuente, esperando volver a ver de nuevo cualquier
día a la pastora.
Un grito incontenible se escapó de sus labios: "¡Hijo mío!.
El joven aldeano se dio cuenta, al punto, de quien era aquel hombre, y sin dar
crédito a su corazón, abrazándose el Conde, no pudo menos que exclamar:"¡Padre
mío!"
Los dos quedaron largo tiempo abrazados en medio del oleaje inmenso de recuerdos
y lágrimas, de sollozos y alegría. Hubo que arreglar algún papel y cambiar unos
apellidos. Se dieron algunas explicaciones, las imprescindibles.
A partir de aquel día, el joven peregrino, que llegó a cumplir una promesa, fue
el heredero de todo aquel Condado de Luera.
Desde entonces las jóvenes del lugar, cuando llega "La Luz de Mayo", se acercan
antes de amanecer al manantial y beben, beben agua milagrosa y clara de bruces
sobre la fuente. Porque hay una copla que dice:
"Hay una fuente en La Luz
que nace al pie de un carbayo,
quien bebe en "La Luz de agosto"
se casará en "la de mayo"

LA FUENTE DE LOS SIETE CAÑOS,COVADONGA
Según cuenta la tradición, Pelayo -elegido rey en el mismo campo de batalla-
recibió el aliento de la Virgen, que se apareció a los combatientes cristianos
en el mismo punto donde actualmente está emplazado el santuario de Covadonga,
vocablo que significa Cova-longa o Cueva-larga. La batalla fue ganada por los
cristianos de Don Pelayo, quién no dudó en atribuir la victoria a la protección
de la Virgen. La tradición indica asimismo que, ya antes de la invasión árabe,
se rendía culto a la Virgen en esta gruta, que se abre en una elevada roca. A la
izquierda de este torrente se encuentra una fuente, llamada de los 7 caños, que
según reza la leyenda popular, otorga matrimonio en un año a la persona que beba
de todos sus caños (algunas personas afirman que se asegura el resultado si se
hace sin respirar hasta haber terminado de beber de todos los caños). Algunas
coplas populares nos lo recuerdan:
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La Virgen de Covadonga
tiene una fuente muy clara;
a niña que de ella bebe
dentro del año se casa.
Al llegar a Covandonga
no bebas agua, morena,
si, como dijiste ayer
prefieres vivir soltera.
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En el siglo VIII,
el rey Mauregato de la pequeña monarquía asturiana, se había comprometido con
los musulmanes a entregarles 100 doncellas cada año para desposarse con ellas.
El rey, celoso de su pacto, elegía cuidadosamente a las doncellas mas bellas del
reino para ser entregadas. Un nutrido grupo de guerreros recorría ciudades y
aldeas para elegir a las doncellas y éstas, pese a oponer resistencia, eran
llevadas por la fuerza. Sucedió un día que los guerreros se enteraron de que en
Illas (Avilés), existía una joven muy bella, y raudos, hacia allí encaminaron
sus pasos. Belinda, que así se llamaba la joven, sin sospechar en un principio
los deseos de los visitantes, los recibió amablemente, pero cuando fue
capturada, con gran habilidad consiguió que sus guardianes le permitieran
ejecutar bellas danzas y canciones. La joven les ofreció bailar para ellos una
danza maravillosa, pero esta tenía que ejecutarse en el campo, a la luz de la
luna. Los guerreros, encantados con la gracia de Belinda, accedieron a su deseo
y aquella misma noche salieron al campo. Una vez que se vio libre, la joven
corrió desesperadamente hasta una fuente no muy lejana con el deseo de
esconderse en aquel lugar y asi burlar a sus captores. Una vez en la fuente, oyó
con gran sorpresa como de su interior salía una voz que le Xanadecía: "Si quieres
ser tu mi xana vivirás días dichosos". La joven, al oír estas palabras, preguntó
que debía hacer para convertirse en xana; la respuesta no se hizo esperar: "Bebe
un sorbo de mi agua, y te verás libre de los soldados y acabarás con el
tributo". Belinda así lo hizo y se convirtió en una joven de belleza
sobrenatural. Cuando los soldados llegaron al lugar intentaron capturarla de
nuevo, pero la joven xana los miró con sus maravillosos ojos verdes e
inmediatamente todos los soldados se convirtieron en carneros. Los días pasaron
y el Rey, impaciente, viendo que sus soldados no volvían, mando otro grupo a
Illas para cumplir su orden, pero estos tampoco volvieron. El Rey, alarmado,
mando reunir a todos sus soldados y, a la cabeza del ejercito, se dirigió a
Illas. Cuando llego al lugar pudo ver una gran cantidad de ovejas y carneros que
pastaban apaciblemente alrededor de una fuente en la que se encontraba sentada
una joven hermosísima que hilaba blancos copos de lana. Viendo que se trataba de
un ser sobrenatural, se dirigió a ella y le pregunto si había visto a sus
soldados, a lo que la xana le respondió que el no había enviado soldados, sino
corderos. El Rey, enfurecido, contesto: "Repito que eran soldados, como los que
vienen detrás de mi", a lo que la xana contesto burlonamente: "También son
corderos, y tu puedes ser el pastor". El Rey volvió la cabeza y pudo ver como
todo su ejercito se había convertido en un rebaño de mansos corderos; asimismo,
sus lujosas ropas se habían transformado en las pobres prendas de un pastor.
Entonces, tembloroso, suplico a la xana que deshiciera el encantamiento y que el
se comprometería a cumplir lo que ella deseara. La joven le pidió que renunciara
al tributo de las cien doncellas, cosa que el Rey acepto de inmediato y mando un
mensajero al reino musulmán para que explicara que el pacto quedaba roto ante la
imposibilidad de cumplirlo. Desde entonces las doncellas no volvieron a ser
capturadas. La fuente de la Xana todavía se conserva próxima a Avilés.
LEYENDA DE LOS SIETE CUERVOS
Hace ya varios siglos, en aquellos tiempos en que ESPAÑA estaba dominada por los
sarracenos, cuando los primeros gritos de independencia suenan en las agrestes
montañas de ASTURIAS, un valeroso paladín lucha contra el infiel invasor,
advierte la presencia de un numeroso grupo de árabes.
Duda si entrar o no en combate. El enemigo era muy superior en número e iban muy
bien pertrechados de armas.
Un río, probablemente el NALÓN, separa a ambos grupos. Estando el valiente
capitán en estas dudas, ve de repente en el cielo seis cuervos revoloteando y
graznando de tal manera que pareciese querían enviarle un mensaje.
El valiente Capitán ve en aquellos cuervos un signo de mal agüero para el
enemigo y, dirigiéndose a los pájaros que ya sobrevolaban el río, les dice:
Aves de poca valía,
Que del hambre sentís pena,
Venid en mi compañía,
Pues de carne ajena o mía
Os daré la panza llena .
Nuestro valiente capitán, acompañado de sus guerreros, se lanza sobre los
sarracenos infligiéndoles una gran derrota, de tal suerte que pocos lograron
huir, dejando el campo de batalla lleno de cadáveres.
Después de esta batalla, capitán les dijo a sus bravos soldados:
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Siempre vi. con gran furor
( De memoria no me acuerdo)
muchas aves contra el cuervo
seguirle con gran denuedo
por no ser de su color;
y él las sigues con vigor,
con su pico agudo y fuertes,
síguelas hasta la muerte,
hiriéndolas de tal suerte,
que de ellas es vencedor.
|
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El rey, enterado de esta hazaña, alienta al bravo soldado a que le indique qué
premio desea por tan maravilloso hecho.
Nuestro héroe pide a su Majestad que le autorice a él y a sus descendientes
pintar por armas en su escudo los SEIS CUERVOS, como recuerdo de esta batalla. Y
el rey le concede este honor.
EL PUENTE DEL BESO (LUARCA
En la edad media, los mares españoles estaban apoderados por piratas. El más
famoso y poderoso pirata se llamaba Cambaral. El causaba terror apoderándose de
las naves que traspasaban sus aguas.
A los pasajeros les robaba sus valiosas pertenencias, los torturaba y finalmente
los asesinaba. Cambaral raptaba a las bellas doncellas y después las traficaba
en los mercados. Nadie se atrevía traspasar sus aguas por el gran temor de
enfrentarse a Cambaral. Hasta la gente se estaba muriendo de hambre porque no
querían ir a pescar su comida al mar por el gran temor que tenían.
El gobierno tomó parte en este asunto y envió naves de guerra varias veces para
capturar a Cambaral, pero fue inútil porque Cambaral terminaba por derrotarlos a
todos.
Un caballero noble que se llamaba Hidalgo y vivía en Luarca en la orilla del
mar, se propuso capturar a Cambaral por su propia cuenta. Hidalgo preparó sus
hombres y unas naves e inició su misión. Hidalgo finalmente encontró a Cambaral
y una guerra sangrienta estalló. Hidalgo ganó la batalla y Cambaral resultó
gravemente herido.
Hidalgo regresó a Luarca con Cambaral y allí decidió curarlo antes de entregarlo
a la justicia. Cambaral fue atendido en el palacio de Hidalgo por su hija,
Asturiana. Las atenciones de la bella asturiana hicieron que Cambaral se
enamorara profundamente de ella y ella de él. Los dos descubrieron sus
sentimientos y formaron una pasión de dichas y sueños de huir a donde nadie se
opusiera a su dicha.
Una noche, se situaron en la orilla del mar para fugarse. Asturiana esperó a que
su padre se durmiera y después se dirigió al lugar de la cita. Asturiana llegó
al lugar de la cita y allí la estaba esperando Cambaral con la nave con la que
iban a huir.
El pirata recibió en sus brazos a la doncella y unieron sus almas en un beso
apasionado. En ese instante Hidalgo sorprendió a los enamorados, ciego de ira
con una espada afilada mató a los dos amantes de un solo tajo en las cabezas.
Los cuerpos quedaron abrazados fuertemente, rodaron hacia el mar y finalmente se
perdieron en él.
En sus memorias, un puente fue construido en el sitio del incidente y fue
nombrado el Puente del Beso.
Este monumento y sus recuerdos todavía se conservan hoy en día.
 
Dice el poeta asturiano Casimiro Cienfuegos poema dedicado a la Villa Blanca de
la Costa Verde:
Hay en un tajo de la roca viva
Que el mar abrió tal vez en sus enojos
Un lindo pueblo de hermosura esquiva
Que nunca entero muéstrase a los ojos.
Lo parte en dos por gala y bizarría
Un río con sus aguas transparentes
Que fluye sin cesar con armonía
Bajo los arcos de sus siete puentes…
EL PRÍNCIPE ASTUR Y PICOS DE EUROPA
El príncipe Astur, el bravío montañés que quiso buscar una esposa lejos de sus
tierras, con tanto orgullo de raza que no la quería inferior a la mujer que
tuvieran los dioses.
Y así fue hasta la isla de Creta, la del rey Minos, hijo de Júpiter y de Europa.
Allí encontró a Europa, robada por el dios del Olimpo en Fenicia al rey Agenor;
porque Júpiter se había convertido en toro blanco hasta ser acariciado por la
princesa Europa; y la pudo raptar y pasó el mar a nado y llegó a Creta donde las
Horas le había preparado el lecho nupcial. Nació Minos, el que sería rey.
Pero el príncipe Astur se enamoró de Europa, la raptó nuevamente y la trajo a la
fragosidad de su monte Vindius, que desde entonces se denominó ya Picos de
Europa.
La leyenda se atestigua por Fray Francisco de la Sota, monje de Santo Toribio de
Liébana, que escribió en 1681 la "Crónica de los Príncipes de Asturias y
Cantabria".

LA HIJA DE MEDULIO, JEFE ASTUR
Cuenta la leyenda, que el joven general romano Carisio se había enamorado
perdidamente de Borenia la bellísima hija de Medulio, jefe de los astures.
Carisio además de ser romano era arrogante y altivo y sobre todo estaba muy
dolido por que sus legiones no conseguian dominar al pueblo de Medulio, que
además de una hermosa hija también era poseedor de una enorme fortuna en oro.
Carisio pretendió a la bella y ante la negativa del padre, decidió atacar el
pueblo. La tarde antes de la batalla, Medulio hizo prometer a su hija que huiría
al bosque y que no volvería hasta que todo hubiese terminado. En mitad del
fragor de la batalla entre astures y romanos, se desató una terrible tormenta, y
cuando los romanos estaban a punto de perderla, un desafortunado rayo hiere de
muerte al jefe y rebotando contra el cofre que guardaba todo el oro de la tribu,
hace rebotar millones de pepitas doradas contra la montaña.
Mientras la temerosa Borenia, está sola y desamparada en el bosque, Carisio lo
sabe y sale a su encuentro, le dice que han firmado la paz y que su padre
consiente su unión, Borenia accede a los deseos del apuesto romano.
A la mañana siguiente cuando Borenia regresa a su pueblo se encuentra que los
romanos han esclavizado a los suyos y que su padre está muerto, empieza a
llorar, y es tal la magnitud de su llanto que forma una laguna en el fondo del
valle donde está su aldea.
Desde entonces se la conoce como la ondina Borenia, y en noches de luna llena,
dicen que aun sigue llorando a orillas del Lago de Carucedo, porque no olvida
quien era ella y quienes eran los suyos.
Después de aquello, los romanos crearon las Médulas, empezaron a extraer todo el
oro que el rayo había dejado esparcido por la montaña. Excavaron túneles,
galerías y cuevas, hicieron presas para canalizar el agua, que arrastraba
material hacía el fondo del valle, miles de esclavos durante cientos de años
recogieron el preciado oro para el Imperio, formando un lago con el agua que
hacían bajar de la montaña.
Más de 800.000 kilos fueron capaces de arrancar a la tierra los romanos en las
Médulas. Para ello hubieron de excavar más de 300 millones de metros cúbicos de
tierra. En el siglo II el oro se devaluó y una vez abandonadas y dejado el lugar
a merced de los vientos, el agua, el intenso frío y el calor apremiante, que
durante siglos azotaron el paraje, este rincón de la península se configuró con
formas caprichosas y de singular belleza.
Las Medulas son, una de las maravillas naturales más hermosas, más enigmáticas y
más fascinantes de toda la península.

LA XANA CARISSINA (CANDAS DEL NARCEA)
Por el siglo I a.c. ,
los romanos aún no habían completado su conquista de la península. Tito Carissio
era uno de los encargados de someter a celtíberos y astures en los años en que
se desarrolla la historia.
Las tropas romanas, en su difícil avance, habían
llegado a las orillas del río Narcea. Era una campaña dura, en una región que no
conocían todo lo que hubieran querido, con tupidos bosques de hayas cumbres
escarpadas, torrentes... un clima al que no estaban acostumbrados y por si fuera
poco, osos, lobos, que había que vigilar. Acamparon cerca de estos bosques,
desde donde se dirigirían al este, hacía el río Nalón, la campaña se convertía
en una pequeña tortura, con lluvia incesante y pocos resultados. Con el
campamento montado, Carissio empezó a deambular por los alrededores del bosque,
pensando sobre el próximo enfrentamiento, en uno de estos paseos, descubrió a
una bella muchacha acicalando su larga melena con un peine de oro. Vestía túnica
blanca de lino, y sus ojos eran del mismo verde que el bosque que la rodeaba. Un
arroyo dejaba oír la música del agua mientras la dama canturreaba suavemente.
Carissio no pudo por menos que acercarse a ella, pero al verle la joven se
internó en el bosque. El general romano la persiguió, ya casi sin sentido sin
importarle herirse a veces con ramas, sin importarle el camino o estar
alejándose cada vez más de sus hombres. Tal vez se preguntaba, como era posible
que esa mujer corriera tan rápido y sin hacer apenas ruido, como si no fuera
totalmente material. Solo seguía el fulgor luminoso de su túnica entre los
árboles, o la estrella dorada que era su cabello al viento cuando se dejaba
ver,, Él la llamaba y solo obtenía el rumor de sus risas a modo de respuesta, y
esto le hacía perseguirla con más fervor aún. Finalmente llegaron a un claro del
bosque en el que había un lago. Carissio vio a su muchacha en la orilla,
chapoteando y bailando en las aguas, riendo y cantando ( o era solo la misma
risa cantarina?) Esta vez a punto estuvo de alcanzarla y abrazarla, pero ella se
adentró un poco mas en el lago, escapando de él. Carisio siguió tras ella sin
darse cuenta de que el agua le cubría cada vez más. La mujer seguía chapoteando,
el romano avanzaba, y no tardó en perder pie, y en hundirse en las profundidades
del lago, aún extendiendo sus brazos hacia la imagen que le había llevado a la
muerte. Y el agua inundó sus pulmones del mismo modo que la risa de la Xana
inundaba el paisaje. Desde entonces a la Xana de este lago se le llama Carissia,
con el mismo nombre de quien murió intentando darle alcance. Y de ella se siguen
contando historias, y se la toma por una de las más peligrosas de Asturias. Así
que si alguien la ve cepillándose el pelo junto al lago, que recuerde que las
Xanas son dulces y encantadoras, pero sus enamorados no suelen vivir
demasiado...

Según cuentan algunos vecinos de una aldea de San Martín de Valledor, parroquia
del concejo de Allande, vivía hace tiempo en una casa pequeña, un albañil
tranquilo al que le gustaba hablar por los codos, pero que era muy querido por
los habitantes del pueblo porque en sus charlas contaba, de vez en cuando,
bellos cuentos que atraían la atención de niños y mayores; sobre todo cuando se
reunían en el hogar. el lugar donde vivía, algo alejado del pueblo, y rodeado de
árboles, daba un ambiente especial a las "polaviles o filandones" (reuniones
familiares y/o vecinales alrededor del hogar en las largas noches de invierno
para hilar y contar historias) que se hacían en su casa: los pájaros, el sonido
del viento y esa particular oscuridad que se siente cuando se está acabando la
última luz, ayudaban a respingarse un poco antes de empezarlas.
Un día de los suyos, y que cambiaría su manera de ver y sentir las cosas de este
mundo, estaba cenando con total tranquilidad el albañil; por toda luz, un candil
por algún lado, un tronco en ascuas en el que calentar la cena... Estaba solo y
no encontraba en la cena más consuelo que el que puede encontrar un maestro al
reñir a un escolar; no pensaba mucho, sino que dejaba vagar la mente por entre
lo insípido de lo que comía, Así lo llevaba: comer y lavar la cazuela de
cualquier manera, sentarse a fumar el ultimo pitillo del día mientras se va
enfriando la casa y se prepara para acostarse.
A punto estaba de apagar el candil, cuando una sombra indefinible apareció por
la pared donde no tendría que estar, por la que sí tendría luego, y por otra
tercera después, que era donde estaba el candil, y apagó la vela.
Buscó tizones en el afable resplandor del hogar, buscó cerillas, tantas como le
permitió el miedo que erizaba los poros de su piel, ese mismo miedo que él
causara en los niños con sus cuentos, Casi de súbito, segundos antes de encender
la última cerilla, algo así como una mano fría, algo frío, una textura fría, un
calor frío, se posó en su garganta.
De puntillas, se acercó a la puerta y, como intentando no incomodar a quien allí
hubiera, corrió el pestillo, abrió ligeramente la puerta, pasó al otro lado como
queriendo ser más flaco de lo que era y bendijo aquella luz afable que dejaba
ver las sombras de los árboles como sombras azules de un cielo prieto. Hizo
esfuerzos para no correr, buscando encontrar lo que le quedaba de cabal; y se
dirigió a casa de su amigo del alma, a que le dejara dormir en su casa, a que le
quitara ese frío de su cuello.
Dice la gente del lugar que, acabado de llegar ante su amigo, lo miró con ojos
asustados, que quiso hablar pero no pudo y que se desmayó. Aquel, consiguió
reanimarlo, con bofetadas, con agua, con el frescor de la noche.
Nada pudo hacer entonces el albañil para evitar que unas lágrimas buscaran su
camino entre todas las profundas arrugas que esa misma noche aparecieron en su
cara.

ORIGEN SOTO DE LOS INFANTES
(SALAS)
Descripción Soto de los Infantes es un pueblo del concejo de Salas encajonado
entre montañas a orillas del río Narcea y cuya fundación tiene tintes de
leyenda.
En el pueblo de Soto todavía se pueden ver los lienzos de pared de un viejo
palacio en ruinas.
La leyenda cuenta como este lugar era la casa de los Infantes de Carrión,
quienes, tras la afrenta del robledal de Corpes en el que abusaron de las hijas
del Cid Campeador y temiendo la venganza del padre se escaparon a Asturias a
galope tendido.
Llegaron a un lugar que entonces era un refugio seguro, oculto entre montañas y
bosques, con el río Narcea que aseguraba buena pesca y agua fresca.
Alrededor del palacio fue creciendo un pueblo que hoy es Soto de los Infantes.
Pero ésta no es la única leyenda que explica la fundación del pueblo. Hay otra
que cuenta que en el palacio de Soto de los Infantes vivía una reina que en su
primer parto tuvo siete hijos. La reina, asustada, metió a seis de los niños en
una cesta y mandó a una criada que los arrojase al río y se quedó con un solo
niño.
Camino del río la criada se encontró con el rey.
-¿Qué llevas ahí?
-Los perrinos que parió la perra.
-¡Enséñamelos!
-Non valen nada.
-Es igual. Quiero escoger uno para mí
-Si son muy ruinucos, señor.
-No importa.
La criada no tuvo más remedio que confesar la verdad.
Entonces el rey cogió a los seis niños y buscó a seis nodrizas, y los mandó a un
lugar lejano donde crecieron sanos y robustos. Pero no le dijo nada a la reina.
Con el paso de los años los infantes se hicieron unos mozos y con motivo de una
fiesta celebrada en el palacio de Soto el rey los mandó llamar, ordenando a sus
siervos que vistieran a los siete muchachos iguales. Lo mismo a los que rescató
del río que al que se había quedado en casa.
Cuando la reina entró en el lugar de la fiesta, el rey le dijo:
-¡Mira! Ahí tienes siete muchachos iguales. Dime cuál es tu hijo.
La reina entonces se dio cuenta de lo que había pasado y se desmayó.
Incluso hay quien dice que se murió en el acto.
Según la tradición, esos siete niños serían después los Siete Infantes de Lara.
l
En el concejo de Cangas
de Onís, una inscripción en una peña cuenta: "Un oso mato al rey favila d739."
Favila, hijo de Pelayo y Gaudiosa, reinó durante muy poco tiempo, exactamente
dos años (737-739). Restauró junto a su mujer Froiliuba, la iglesia de la Santa
Cruz. En esta iglesia fué depositada la cruz que llevo el rey Pelayo en la
batalla de Covadonga ( se la bañó con laminas de oro y piedras preciosas por el
rey Alfonso III,y se la depositó en la catedral de Oviedo dentro de la Cámara
Santa)
Su muerte es relatada como una famosa leyenda que cuenta Fray Prudencio de
Sandoval en Historia de los cinco obispos,(1639), la cual dice exactamente:
"Como el rey D. Favila fuese venido a esta vega, o cerca de Santa Cruz. Una gran
cabalgada de moros que habían entrado a correr aquellas montañas teniendo sus
tiendas en el campo cerca de la ermita que digo de Santa Cruz sin quitarse el
saco de malla que traía con el pavés (escudo oblongo que cubre casi todo el
cuerpo) en la mano y la espada en la cinta, quiso ir a montería. Su mujer la
reina Froiliuba, dándole el corazón saltos con temor de algún mal suceso,
porfiaba con el rey que se desarmase, que venia cansado de pelear y que dejase
por aquel día la caza. Tirábale del faldón de la ropa pidiéndole con lágrimas y
palabras de amor que se apease. El rey porfiaba en ir y tomando un azor en la
mano se despidió de la reina; y ella con mucho sentimiento le abrazó y besó,
quedando muy lastimada por los secretos anuncios que le daba el alma. El rey
subió por un monte que está cerca de la vega, que se llama sobremonte al lugar
de Helgueras, metióse en un vallecillo que hace ese monte y yendo sólo se topó
con un oso; osada y atrevidamente, soltando el pájaro que llevaba echó mano de
su espada y embrazó el pavés, cerró con el oso dándole una estocada por los
pechos o hijadas, más no bastó en quitar al oso que no se abrazase con el rey, y
le hiriese hasta matarle sin tener quien le ayudase. En el lugar donde los suyos
le hallaron muerto está hoy una cruz."
Esto sucedió según cuenta la tradición en una aldea llamada Llueves.
De esta leyenda viene el dicho: "Espabila Favila que viene el oso"

lA LEYENDA DE LAS CIEN DONCELLAS
Había hace muchos años,
un rey malvado, llamado Mauregato. Por su ineficacia a los astures , les fue
exigido por los árabes un tributo, que se les debían entregar anualmente cien
doncellas vírgenes, la mitad que fueran nobles y la otra mitad plebeyas.
Y así llegamos al reinado de Alfonso el Casto.
Nuño Osorio, hombre fiel al Rey, le aconsejó que se negase a entregar el tributo
anual, pero el Rey Casto decidió concederles las cien vírgenes sin ninguna
oposición.
Como por cosa del destino, le fue encomendada la misión de hacer la entrega a
Nuño Osorio.
Las doncellas se fueron despidiendo de sus padres, con gran tristeza y muchos
sollozos y se fueron reuniendo en el punto de partida.
Sacha, una doncella que estaba presa de furia y de rabia, fue arrancandose los
ropajes y al llegar donde estaban los moros, la doncella reclamó sus ropas a los
escuderos que previsoramente las habían recogido. Entonces se le acercó Nuño y
preguntó:
Pues. ¿Como vestida vienes, tú que desnuda venías?
A lo que Sacha le contestó:
Las mujeres non tenemos verguenza de las mujeres; quien camina entre vosotros
muy bien desnudarse puede, porque sois como nosotras, cobardes, fracas y
endebres, fembras, mujeres y damas; y así, no por qué non deje de desnudarme
ante vos, como a fembras acontece. Pero cuando vi a los moros que son homes, y
homes fuertes, vestíme, que non es bien que las mis carnes me viesen. ¿Qué
honestidad he perdido, cuando vengo entre mujeres?
Al oir estas palabras, los caballeros encontraron el suficiente coraje como para
hacerles frente a los moros y arrollarlos. Cuando el rey Casto se enteró, hizo
llamar al embajador de los moros y así le dijo:
Vete moro, di a tu rey que cien doncellas son cien chuzos y cien lanzas, que
venga como quijere; que las fembras solas bastan a defenderse a sí miesmas;

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